lunes, 15 de julio de 2013

EL ESCAPULARIO DEL CARMEN: un signo de fe y compromiso cristianos


Los signos en la vida humana
Vivimos en un mundo hecho de realidades materiales llenas de simbolismo: la luz, el fuego, el agua.
Existen también, en la vida de cada día experiencias de relación entre los seres humanos, que expresan y simbolizan cosas más profundas, como el compartir la comida (signo de amistad), participar en una manifestación masiva (signo de solidaridad), celebrar juntos un aniversario nacional (símbolo de identidad).
Tenemos necesidad de signos o símbolos que nos ayuden a comprender y vivir de hoy o de ayer, y nos den conciencia de lo que somos como personas y como grupos.

Los signos en la vida cristiana
Jesús es el gran don y signo del amor del Padre. Él estableció la Iglesia como signo e instrumento de su amor. En la vida cristiana hay también signos. Jesús los utilizó: el pan, el vino, el agua, para hacernos comprender realidades superiores que no vemos ni tocamos.
En la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos (bautismo, confirmación, reconciliación, matrimonio, orden sacerdotal, unción de los enfermos) los símbolos (agua, aceite, imposición de manos, anillos) expresan
su sentido y nos introducimos en una comunicación con Dios, presente a través de ellos.
Además de los signos litúrgicos, existen en la Iglesia otros, ligados a un acontecimiento, a una tradición, a una persona. UNO DE ELLOS ES EL ESCAPULARIO DEL CARMEN.

El escapulario, un signo mariano
Uno de los signos de la tradición de la Iglesia, desde hace siete siglos, es el escapulario de la Virgen del Carmen.
Es un signo aprobado por la Iglesia y aceptado por la Orden del Carmen como manifestación externa de amor a María, de confianza filial a ella y como compromiso de imitar su vida.
La palabra “Escapulario” indica un vestido superpuesto que llevaban los monjes durante el trabajo manual.
Con el tiempo se le fue dando un sentido simbólico: el de llevar la cruz de cada día, como discípulos y seguidores de Jesús.
En algunas Órdenes religiosas, como en el Carmelo, el Escapulario, se convirtió también en símbolo de su manera de ser y de vivir.
El Escapulario pasó a simbolizar la dedicación especial de los carmelitas a María, la Madre del Señor, y a expresar la confianza en su protección maternal; el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás. Se transformó en un signo Mariano.

De las Órdenes religiosas al pueblo de Dios
En la Edad Media muchos cristianos quisieron asociarse a las Órdenes religiosas fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas. Surgió un laicado asociado a ellas, por medio de Cofradías y Hermandades.
Todas las Órdenes religiosas quisieron dar a los laicos un signo de su afiliación y participación en su espíritu y en su apostolado. Ese signo era una parte de su hábito: la capa, el cordón, el escapulario.
Entre los carmelitas se llegó a establecer el escapulario reducido en tamaño, como la señal de pertenencia a la Orden y la expresión de su espiritualidad.


El valor y el sentido del escapulario
El Escapulario hunde sus raíces en la tradición de la Orden, que lo ha interpretado como signo de protección materna de María. Tiene, en sí mismo, a partir de esa experiencia plurisecular, un sentido espiritual aprobado por la Iglesia:
v  Representa el compromiso de seguir a Jesús, como María, el modelo perfecto de todo discípulo de Cristo. Este compromiso tiene su origen en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios.

La Virgen nos enseña a:
v  Vivir abiertos a Dios y a su voluntad, manifestada en los acontecimientos de la vida.
v  Escuchar la Palabra de Dios en la Biblia y en la vida, a creer en ella y a poner en práctica sus exigencias.
v  Orar en todo momento, descubriendo a Dios, presente en todas las circunstancias.
v  Vivir cercanos a las necesidades de nuestros hermanos y a solidarizarnos con ellos.

v  Introduce en la fraternidad del Carmelo, comunidad de religiosos y religiosas, presente en la Iglesia desde hace más de VIII siglos, y compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa: la amistad íntima con Dios en la oración.

v  Coloca delante el ejemplo de los santos y santas del Carmelo, con lo que se establece una relación familiar de hermanos y hermanas.

v  Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna, mediante la ayuda de la intercesión y protección ante María.

Normas Prácticas
v  El Escapulario es impuesto, sólo la primera vez, por un sacerdote o una persona autorizada.
v  Puede ser sustituido por una medalla que tenga por una parte la imagen del Sagrado Corazón, y por la otra la de la Virgen del Carmen.
v  El Escapulario exige un compromiso cristiano auténtico: vivir de acuerdo con las enseñanzas del evangelio, recibir los sacramentos y profesar una devoción especial a la Ssma Virgen que se expresa, al menos, con la recitación cotidiana de tres avemarías.

FÓRMULA PARA LA IMPOSICIÓN DEL ESCAPULARIO
“Recibe este Escapulario, signo de una relación espacial con María, la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar.
Que este escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu dedicación al servicio de los demás y a la imitación de María.

Llévalo como señal de su protección y como signo de tu pertenencia a la familia del Carmelo, dispuesto a cumplir la voluntad de Dios y a empeñarte  en el trabajo por la construcción de un mundo que responda a su plan  de fraternidad, justicia y paz.”

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