viernes, 25 de septiembre de 2009

RETIRO VOCACIONAL



“Mi corazón fue creado para amar”
(Francisco Palau y Quer)
Objetivo:
Animar a los jóvenes a buscar cuál es la voluntad de Dios en sus vidas por medio de trabajos de conocimiento propio, oración, reflexión y confronte con la Palabra del Señor.
1º Momento
Oración de Inicio
Invitamos a los jóvenes a disponerse interiormente para vivir el día de retiro, a que sean capaces de descubrir los signos por medio de los cuales Dios suele llamar a vivir un proyecto de Vida.
Arreglamos la sala con objetos que se usan para fijar la vista: lupa, anteojos, binoculares, microscopio, mochilas representando a los participantes, y el lema del retiro “Mi corazón fue creado para amar”.
8:00 hs: Canto “El don de este día”
Oramos con el Salmo 63 (62)
Dinámica del “Tipo de tierra”
Colocamos unos recipientes con diferentes tipos de tierra (fértil, pedregosa, arena, con espinas) Pedimos a los jóvenes que observen y se identifiquen con alguna de estas tierras (hablar de cómo se sienten, o cómo les gustaría sentirse)
Escuchemos una leyenda:
“No olvidar lo principal”
En la región del Tíbet, cuanta la leyenda que una mujer muy pobre andaba por las montañas con su hijita en busca de alimento. Al pasar por la puerta de una caverna, oyó una voz que le decía: “Entre, puede entrar, aquí están los mayores tesoros de la tierra. Entre, pero no se olvide de lo principal”

La mujer, cueriosa, entró con su hijita en la caverna y se vio frente a un inmenso tesoro. Oyó nuevamente la voz que le decía: “Tome todo lo que quiera. Tiene treinta minutos para llevar todo lo que pueda cargar, pero después de ese tiempo la puerta se cerrará y nunca más se abrirá. ¡Vamos! ¡Lleve todo lo que pueda, pero no se olvide lo principal!
La mujer colocó a su hijita en el suelo y comenzó a sacar para afuera de la caverna todo lo que podía cargar. Iba y volvía. Oyó una voz que le decía: “Vaya más de prisa. Faltan sólo tres minutos para acabar su tiempo. ¡Lleve todo lo que pueda, pero no se olvide de lo principal!”
La mujer llenó su delantal y salió de la caverna cuando la puerta se estaba cerrando. Cuando llegó afuera no podía creer que hubiese podido cargar con tanta riqueza. Pero al ir a buscar a su hijita no la encontró. Había quedado dentro de la caverna. La riqueza duró poco, pero la tristeza y el dolor fueron eternos. Se había olvidado de lo principal…
Cada uno de nosotros está llamado a dar sentido a su historia, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida que está en Dios. Nadie puede vivir solo, aunque tenga toda la riqueza del mundo. Es importante que tengamos siempre lo principal de nuestra vida.
Dinámica: “Cómo vivo yo mi vida”
Objetivo: cuestionar la manera cómo uno está viviendo su vida. Nivel de metas por alcanzar que uno mantiene en su existencia.
Desarrollo:
Invitar a los jóvenes a escribir en una hoja 10 cosas que les gustaría realizar en la vida.
Que evalúen cada una de ellas colocando al lado izquierdo una de las siguientes evaluaciones:
I= Importantísimo
B= Bueno, pero sin mayor urgencia.
E= puede esperar
En grupo presentar la lista de las 10 cosas, pero sin decir la evaluación que hicieron de ellas. El grupo en diálogo común, le indica las evaluaciones que debe poner. Hecho esto cada uno ahora da cuenta de la evaluación que le hizo a cada una de sus cosas.
10:30 hs Eucaristía
11:45: VIDEO : “El alfarero” (Paulinas)
Los jóvenes responden a las siguientes preguntas:
Estás contento de vivir, por qué?
Vivo como si Dios no existiera, sin Él mi vida está vacía” es lo que dicen algunos jóvenes hoy en día ¿Qué pensás vos de esta afirmación?
Tu oración, ¿significa de verdad un encuentro con Jesucristo o es más bien un simple mecanismo?
te gusta la oración en grupo? ¿por qué?
Leés cada día la Palabra de Dios? ¿qué significa esa lectura para vos? ¿es una simple devoción?
Procurás escuchar esa llamada que te exige y compromete diariamente? ¿encontrás en ella la voluntad de Dios sobre vos?
Lo que hiciesen al más pequeño a mí me lo hicieron” ¿Estás habituada a ver a Jesucristo en los demás o te guiás simplemente según te caiga la gente?
Sabés reconocer la mano de Dios en los acontecimientos de tu vida?
Tu vida está orientada hacia el amor, la entrega a los demás… o más bien vivís en una actitud egoísta pensando sólo en vos?
¿Tenés una postura sincera de colaboración, preocupación por los demás, etc… o más vien una actitud tensa, distante; tu casa es como un hotel en el que comés y dormís?
¿Qué significa para vos ser humilde? ¿creés que la humildad puede ser el principio de la grandeza de un ser? ¿Recordás algún pensamiento de la Escritura sobre la humildad y la soberbia? ¿Por qué le da Dios tanta importancia?
¿Por qué me ha hecho Dios así?
¿Cuáles son sus planes y proyectos conmigo? ¿Para qué quiere que sirva, en qué lugar?
12:30 hs Almuerzo
Descanso
14:00 hs Compartir
15:30 hs Oración comunitaria
- Cantamos: “Ven y sígueme”
- Texto Motivador: Mt 19, 16-22
- Hacemos resonancia de las frases que más nos toquen el corazón.
16:30 hs Ficha “Francisco atento a los signos de los tiempos”
Objetivo: Ayudar a descubrir a través de Francisco que se deja interpelar por lo que escucha y vive, que Dios habla en la historia.
Ambientación: Ambientamos el lugar con hojas del calendario, imágenes actuales…
Dejamos un momento para contemplar la ambientación y meditamos la Palabra. Alguien se acerca, rompe algunas hojas del calendario y se colocan tres palabras: AMOR, PAZ y CONSUELO.
Luego con música de fondo escuchamos:
“Todo tiempo es tiempo oportuno, tiempo de gracia, tiempo de salvación. Dios se ha comprometido con el tiempo y ha sembrado su Palabra en medio de los hombres. El profeta ve lo nuevo, ve más allá de las cosas, aporta respuesta a los problemas del ser humano. Jesús que es la plenitud de sentido para la historia, es la luz del mundo, ilumina a los que viven en tinieblas, da nueva vida. Nos compartió la alegría del plan de salvación del Padre: vivir el Reino, la urgencia de la conversión, pidió que creciéramos en Fe, Esperanza y Amor y pagó con la muerte, el fruto de su obrar.”
Francisco Palau supo conocer a fondo el tiempo en que le tocó vivir, sin quedar atrapado en la rutina de cada día. Escuchó el rumor de la vida, se detuvo ante el clamor de los más necesitados, vivió con dolor el avance del mal dentro y fuera de la Iglesia. Se tomó la vida en serio y con radicalidad: la oración, la soledad, el sacrificio y esfuerzo, las misiones, la predicación del Evangelio, la respuesta a las necesidades de sus hermanos… Se lo jugó todo porque descubrió que estaba en juego la vida de sus hermanos, rostros vivientes de Jesús. Acusaron su labor y respondió: “Si somos ilusos, nuestro delirio es producido por una especie de fiebre que nos causa el amor con que amamos a la Iglesia.”
Para la Reflexión Personal: Francisco Palau vive inmerso en el contexto del siglo XIX (nace en 1811 y muere en 18729 Su país: España sufre enfrentamientos divergentes, guerra civil, rebelión militar, terremotos, hambre, inflación, persecución a los religiosos, a toda la Iglesia, enfermedades y epidemias (él mismo muere contagiado colaborando en la atención a los enfermos de tifus)
Escuchémoslo de sus propios labios, sin duda un hombre atento a las realidades de su tiempo:
“En los 42 años que llevamos de este siglo hemos visto en España la guerra de los ingleses, cuyos fatales efectos fueron la pérdida total de nuestra armada en aguas de Trafalgar y el haber casi quedado la patria de los Magallanes y Pizarros borrada del número de las naciones marítimas. Enseguida la guerra de Napoleón o de la independencia, en la que la nación entera fue entregada a la cuchilla, al fuego y a la brutal rapacidad de una soldadesca, hez de todas las naciones de Europa. En el año 20, una rebelión militar que ocasionó la pérdida de nuestras posesiones riquísima de la América encendió en España la guerra civil, que la hubiera consumido, si una mirada piadosa del cielo no la hubiera sofocado. Y, desde el año 33 al 40, la guerra espantosa cuyos desastres hemos presenciado todos. En su intervalo nuestra desventurada patria ha sido casi inundada con la sangre de sus propios hijos, degollada por sus mismos hermanos, y sus fértiles y hermosos campos, convertidos en cementerios… En resumen, de 42 años que llevamos del siglo XIX, 20, a lo menos, ha estado extendido el brazo de Dios sobre España azotándolo con la guerra, y habiendo sido los restantes más bien una tregua que una verdadera paz.
Al azote de la guerra se añadió el hambre de 1812, en que llegó a venderse el pan a 5 reales la libra: innumerables cosechas perdidas que obligaron a emigrar a casi países enteros. Y, sobre los dos, el contagio del año 11 de la fiebre amarilla de Cádiz y Barcelona, y el espantoso cólera que desbastó las principales ciudades. No diré nada de los horrorosos terremotos de Orihuela en 29, y de tanta multitud de azotes que hemos visto en nuestros días” (Lucha del Alma con Dios)
Dinámica: “El camino”
Leer Lc 12,54-56
¿Qué signos encuentro yo en mi vida por medio de los cuales Dios me ha ido hablando de un llamado a vivir una vocación concreta?
Hoy, ¿qué signos encuentro?
  1. Invitar a los jóvenes a realizar en una hoja de papel su camino de vida, indicando los momentos en los cuales Dios se les reveló para mostrarles su voluntad, poner fechas, nombres, situaciones, etc.
  2. Compartir al grupo la dinámica.
17:30 – Cuento: “La llama viva” (Mamerto Menapace)
Había una vez un pueblo de luciérnagas. Habitaban la falda de un cerro, en medio del bosque, con claros para sus juegos y muchos matorrales para guarecerse durante el día y las tormentas.
El pueblo estaba compuesto por dos variedades. Una llevaba las luces cerca de sus ojos y las mantenía permanentemente encendidas. Eran las tacas o tucos. La otra en cambio, tenía su luz en el vientre pudiendo encenderla o apagarla a su gusto. Esta variedad constituía la mayoría. Se los llamaba simplemente bichitos de Dios. En las noches tibias del verano su resplandor podía verse desde lejos y su fosforescencia iluminaba tenuemente todo el pueblo animal en su vida nocturna.
Muy lejos de allí, del otro lado del valle oscuro y misterioso, brillaba la luz. Lejana, y sin embargo tremendamente presente, aquella luz parecía tener luz propia. No era de la misma calidad que la de los bichos. Era una luz viva. Aunque permanecía siempre en el mismo lugar. Atraía poderosamente la mirada y hasta la curiosidad de nuestro pueblo de diminutas luminarias. Su existencia y el misterio de su brillo en la noche tenía intrigadas a todas las luciérnagas, habían surgido varias teorías para explicarla. Algunas se basaban en el miedo. Otras en cambio, se burlaban de ella llegando hasta faltarle al respeto, muchos la veneraban, como se reverencia lo desconocido pero fascinante. Lo cierto es que nadie sabía gran cosa de verdadero, fuera de lo que se pudiera distinguir desde la distancia. Pero, en todo caso, nadie la podía negar. Salvo los miopes o los ocupadísimos. Aunque también estos en las noches oscuras previas a las tormentas se veían obligados a reconocer su existencia.
Alguna vez había que tomar la decisión. Entonces se convino en convocar a una asamblea general. Allí se discutió muchísimo y hasta se aventuraron hipótesis nuevas tratando de conciliar posturas irreductibles. Pero nadie quedó satisfecho. Quizá lo único que quedaba en claro era que alguien tenía que arriesgarse.
Varios propusieron a varios. Finalmente se levantó la luciérnaga más inteligente. Ella iría a ver, y luego contaría la verdad. Sólo pedía que, para posibilitar su retorno la noche del regreso, todas tuvieran sus luces encendidas al máximo. Como era inteligente temía extraviarse en el tenebroso valle intermedio. Y partió. Con la vista clavada en su objeto le fue fácil orientarse. Atravesó la oscuridad, dándose cuenta de que ésta era cada vez menos densa a medida que se aproximaba a la luz. Y llegó. Un amplio ventanal del castillo estaba abierto ante ella dando entrada al gran salón en cuyo centro ardía un enorme cirio. El resplandor era tan intenso que tuvo que cerrar sus ojos para no quedar deslumbrada. Con gran precaución comenzó a volar en derredor de la llama a la máxima distancia posible, pegada a las paredes del lugar. Su asombro crecía a cada instante. Realmente aquella luz era maravillosa. No solamente brillaba, como lo hacían las de las luciérnagas, sino que alumbraba y deslumbraba. Su riqueza luminosa era tanta que se derramaba sobre cada objeto y lo convertía en brillante. Las arañas de cristal del techo, las porcelanas de las estanterías, los adornos de las cortinas y el lustre de los muebles, todo participaba de ese regalo de la llama y ella recibía sus formas y colores.
Luego de ver todo, y con los ojos llenos de aquél espectáculo, salió del castillo rumbo a su pueblo. Al principio se orientó a pura memoria, pero poco a poco se le fue haciendo visible el resplandor de sus hermanas que le alumbraban el regreso. A su llegada contó con lujo de detalles todo lo visto. Sobre todo había quedado fascinada por aquella luz que tenía tanta riqueza que se derramaba sobre todas las cosas y permitía verlas, distinguirlas y reconocerlas. Respondió a todas las preguntas que se le hicieron y lo único que logró fue que aumentara en su pueblo la fascinación y el ansia de conocer en profundidad la verdad de aquella luz. Porque ella sólo había visto. No había tocado, no había sentido, no podía decir en verdad, nada sobre la luz misma. Sólo podía informar sobre sus efectos.
Se hacía necesario insistir. Y esta vez se ofreció la más corajuda. Ella iría y trataría de acercarse a la llama para saber qué era. Orientada como su amiga, y en especial por los datos que ella le trajera, sobrevoló el valle tenebroso poniendo proa hacia el castillo. Entró por el gran ventanal, y luego de imitar a su predecesora, hizo alarde de su coraje y comenzó a acercarse a la llama. Comenzó a sentir su calor. Constató que le comunicaba vida, fuerza, energía. Se sintió revitalizada y con nuevos bríos. Se le fue el frío que traía de su largo vuelo. Le pareció renacer. Y llena de alegría por su descubrimiento se lanzó hacia la oscuridad de la noche rumbo a su pueblo que la esperaba ansioso.
Su llegada conmocionó a todos. Su entusiasmo era tal que ella misma parecía hacer partícipes a sus compañeros de aquello que había logrado asimilar de la llama viva, fuente de calor y de energía. Casi no necesitaba explicar lo sucedido. Diría que irradiaba ella misma lo vivido. Y esto, en vez de calmar la ansiedad y fascinación de las luciérnagas, terminó por plantearles con fuerza inusitada la pregunta: “¿Quién es esa luz?”
A esta pregunta la corajuda no podía responder. Ella podía hablar de los efectos sentidos, del valor y de la vida. Pero no tenía experiencia de la llama misma. A pesar de su coraje no se había animado a tocar. Temía entregarse a algo que podría haberla consumido. Pero la pregunta estaba planteada y había que responderla. ¿Quién se ofrecería? En medio del silencio se sintió una voz chiquita, era la soñadora ¡voy yo!
El asombro fue mayúsculo. Nadie la tomaba demasiado en serio en el pueblo de luciérnagas. Tenía un lenguaje tan imaginativo que cuando quería explicar algo casi nadie la entendía. ¡Vaya a saber qué explicación traería a su regreso!
Y partió. Partió derecho fascinada por la luz. Entró por el ventanal con los ojos dilatados, clavados en la llama viva. Y se dejó seducir. Desde el lejano pueblo sólo se vio un pequeñísimo estallido de luz,. Y allá se quedó ardiendo, unida para siempre a la llama que no consume, asume. Nunca regresó para traer respuestas. Está allá generando preguntas.
Desde entonces en el pueblo de luciérnagas se sabe que algo de ellas les manda mensajes de luz desde la llama viva. Entre ellas sigue habiendo inteligentes y corajudas. Y estoy seguro de que seguirá habiendo soñadoras.
Releé el cuento, subrayá lo que te llamó más la atención y luego respondé:
¿Qué es lo que los demás esperan de mí?
¿Qué es lo que yo espero de mí?
¿Qué es lo que Dios espera de mí?
Evaluación del Retiro
Horario…
Día…
Dinámicas…
Cantos…
Espacios de oración…
Ubicación del retiro…
Las fichas me ayudaron/ no me ayudaron ¿por qué?
Sugerencias…
Oración Final

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